Showing posts with label Mansoura Ez Eldin. Mansura Eseddin.. Show all posts
Showing posts with label Mansoura Ez Eldin. Mansura Eseddin.. Show all posts

Friday, July 4, 2014

La montaña Esmeralda 2



Mansoura Ez Eldin 



El magnetismo de los cuerpos


Como un niño construyendo un castillo de arena para después derribarlo y festejar así la capacidad de hacer y deshacer, yo, a mi vez, creo mundos y los hago desaparecer.

La carretera, poblada de árboles de alcanfor a ambos lados, apenas era más ancha que el coche. Parecía no acabar nunca. Sobre todo porque los árboles daban unas sombras tenues y me sentía, además, perdida entre los huertos de naranjos que se extendían detrás de aquella oscuridad. Por un instante llegué a sentir angustia aunque me fui calmando al darme cuenta de que ya no había vuelta atrás.
Me preguntaba qué tipo de persona se hace una casa en medio de unos huertos que ocupan cincuenta faddanes, en un lugar medio abandonado y sin siquiera un camino abierto para facilitar la llegada.
Para relajarme comencé a pensar en la infancia, recordando aquellos viajes a Shiraz con mi padre. El visitar la ciudad me producía la sensación de andar por una tierra mágica. Me sentía bañada en una profunda paz interior. Mi padre se pasaba sentado horas y horas ante la tumba de Sadi  inmerso en sus contemplaciones,  mirando siempre hacia un punto imaginario. Y yo le imitaba, como si a mi vez me estuviera preparando para el silencio. La sentencia del imán Ali resuena en mi cabeza: “Crees que has cometido un pequeño delito pero en ti había un gran mundo”. Me sumerjo más en mi misma y me esfuerzo en no desconectar de lo que me rodea.
Sin embargo, mientras conduzco mi coche en medio de unos huertos que parece que me van a tragar, voy sofocando los sentimientos de debilidad. Me veo como un pequeño delito luchando para que no sea acusado por ese torrencial de vegetación. No hay ningún sonido humano. Nada salvo el cante agudo, casi metálico, de los pájaros y el zumbido de las abejas disputándose el néctar del azahar de los naranjos, cuyo aroma lo impregna todo.
Desde lejos se divisa la casa, hecha de piedra vieja, como un castillo en miniatura que da la espalda al tiempo. El camino se ensancha hasta terminar en un espacio rectangular de tierra con la casa en medio rodeada de muros altos. Aparco el coche, me dirijo hacia el portón de hierro y me quedo delante dudando. Antes de apretar el timbre me abre la puerta el anfitrión. Supongo que habrá una pantalla de vigilancia donde puede ver lo que pasa fuera de su fortaleza de piedra.
Me lleva hacia el interior a través de un pasadizo serpenteado. Llegamos a un gran patio en el centro de la casa a modo de jardín interior, con los vestíbulos principales distribuidos alrededor, como en las casas árabes antiguas.
- “Ponte cómoda. En unos minutos vuelvo”.
Me siento en el borde de la fuente que hay en el centro del patio. Mis oídos se relajan con el sonido del agua y mis ojos se fijan en los jazmines indios y las flores resplandecientes de las buganvillas. Me doy cuenta de que ha plantado más de una buganvilla abriendo el camino para que se superpongan los diferentes colores, para que al final parezca como si fuera un único árbol donde se mezclan el blanco con el violeta, el rosa y el rojo.
El olor a azahar colándose desde los huertos cercanos seguía llenando mi olfato y por encima de mí lucía un cielo incomprensiblemente claro en contraste con la sombría atmósfera del estrecho camino.
El anfitrión volvió con dos latas de cerveza Stella. Me dio una y bebió un sorbo de la otra. Me acerqué a una puerta que me indicó y entramos en una estancia con poca luz debido a las cortinas echadas de terciopelo. Había diez personas sentadas sobre una alfombra de piel, inmersos en una discusión que les impedía darse cuenta de que estábamos allí. Él se unió a la conversación y me insinuó que siguiera su ejemplo.
Me molestaba no poder verles las caras con claridad. Me vi fuera de lugar hasta que el dueño de la casa se puso a leer en voz alta lo que decía ser el origen por el que le vino la  inspiración para el relato La ciudad de cobre. Los allí presentes escucharon con una seriedad exagerada y cuando terminó, uno de ellos comenzó a narrar de memoria un pasaje de la historia de Hassan Al Basri, aquel en el que Al Basri viaja a las islas Waq Waq para recuperar a su esposa Manar Al Sana. Cuando acabó, empezaron a debatir sobre las influencias religiosas en los relatos de Hasib Karim Al Din y Simbad el Marino. Uno de ellos puso punto y final al episodio hablando sobre lo que se conoce como el “espíritu del profeta Salomón como padre dominador de las noches”. Fue agradable para mí escucharlos mientras mi mente funcionaba  como una grabadora, recogiendo lo que me parecía interesante.
Una vez acabó la reunión, todos abandonaron el lugar. El anfitrión salió a despedirse y me pidió que le esperara. Corrí las cortinas para que se colara en la habitación la tímida luz de la puesta de sol. Pude apreciar la decoración de los mosaicos y los sofás de tela de seda. Vislumbré inscripciones en relieve en el techo que parecían talismanes y que le daban un matiz fantástico al lugar. Una cinta esculpida los enmarcaba con una inscripción en letra árabe kufí que decía: “Soy una gota de lluvia caída de una copiosa nube. Es sabido que me disolveré en la tierra, mezclándome con ella, produciendo lo que he dejado atrás”. Fijé la vista en la oración y visioné una lluvia precipitándose en bosques, mares y desiertos.
La unión a aquella élite había supuesto un gran paso en mi formación pero mis ansias por saber y el largo viaje no conseguían que estuviera satisfecha. En relativamente poco tiempo me había sido fácil, con ayuda del profesor, profundizar en mis conocimientos. Habíamos participado en más de un congreso internacional juntos y logramos animar a un gran público para que participaran en Las mil y una noches. Alargábamos con facilidad el hilo de la conversación sobre cualquier asunto sacado a debate. La invitación para asistir a los encuentros de su grupo “Derviches de las noches” era cuestión de tiempo. Él era ex profesor en la Universidad de Leiden y estaba obsesionado con la idea del texto original de Las mil y una noches. Soñaba con eliminar los añadidos del libro por los traductores e incluso consideraba que se habían falsificado relatos para menospreciar la obra. Casi se sabía de memoria párrafos enteros de la edición de “Muhsin Mahdi”. Me escuchaba con esmero cuando hablaba sobre mi interés por una de las historias añadidas. De entre mis muchas investigaciones le llamó la atención un pequeño estudio sobre las representaciones de las montañas en el fantástico libro.
“Unos comentarios muy dignos de interés”, dijo, con una media sonrisa, conservando su economía lingüística y su aversión a los cumplidos y halagos. Supe que era el máximo elogio que le podía decir a alguien. Quizá por aquel motivo, me invitó a aquella casa situada en medio de campos de frutales. Me dijo que allí me esperaba una sorpresa y supe que estaba a punto de pertenecer a su club exclusivo.
Mientras le espero salgo de la habitación al patio. Me siento de nuevo en el borde de la fuente fijándome en las celosías y tragaluces de madera de Bagdad que están trabajados con mucho estilo.
No me di cuenta de que había vuelto hasta que me tocó el hombro con la mano y dijo con encanto infantil:
- ¿Qué piensas de la casa? Se parece a una que vi en Damasco.
Casi me burlo de la paradoja. Aquel que siempre estaba obsesionado con lo original se enorgullecía de una imitación, de una modificación del original. No obstante, me callé para quedar bien y por respeto a una casa diseñada a la perfección.
- Una maravilla - respondí con entusiasmo-.
Lo cierto es que no tenía ganas de andarme con rodeos, así que le pregunté sin  evasivas si conocía el relato de Nursin y la Reina de las Serpientes. Le resumí la historia y me dijo que tenía más de una versión pero que no podía decir con seguridad cuál era la más exacta.
***
Nursin nació en una ciudad llamada Yulistán, situada entre montañas cubiertas de plantas de un verdor resplandeciente y a orillas de un mar continuamente enloquecido.  Su padre era un gran sabio que le regaló una biblioteca llena de libros de medicina, astronomía y crónicas de los diferentes confines. Creció sin imaginarse otro lugar en el que vivir. Jamás se le vino a la cabeza que el destino le hubiera escrito en la frente que se iría a un lugar que ni siquiera se imaginaba que existiera de verdad.
En Yulistán, donde pasó su infancia y adolescencia, tan solo ella  y unos pocos, que se podían contar con los dedos de la mano, sabían de la montaña Qaf y conocían algunos de los secretos que guardaba. No estaban seguros de su verdadera existencia. Se imaginaban que Qaf estaba en el mundo de lo irreal.
Además de aquel privilegiado grupo había muchos que solo habían oído hablar de la montaña mágica como la peor de todas las amenazas, la de ser llevados a lo que hay detrás de Qaf. Aunque nunca nadie estaba convencido de la existencia de aquella forma hecha de esmeraldas, aunque los relatos contados se recopilaban durante años a pesar de la lejanía del lugar, el nombre de Qaf se mantuvo como una fuente de temor para quien escuchara algo sobre ella. La mayoría era incapaz de imaginarse una montaña en cuyo final se terminaba el mundo y empezaba el más allá, una montaña detrás de la cual había setenta tierras de oro, setenta de plata y setenta de almizcle.
De adolescente, Nursin escuchaba a su padre hablar con sus amigos sobre Qaf. Su padre solía afirmar que no era un lugar real sino la esencia de una realidad difícil de alcanzar.
- En el imposible camino a Qaf, todo puede ocurrir. ¡Cuántos barcos se perdieron! ¡Cuántas embarcaciones desaparecieron! ¡Cuántos viajeros perdieron la cordura soñando con la montaña verde que rodea el mundo y limita con la línea del horizonte! Ochenta parasangas la distancian del cielo. Qaf guarda el secreto de nuestra existencia y quien la conoce es como una concha que guarda una valiosa perla.
Nursín lo oyó varias veces e imaginaba un mar de perlas que le cautivaba la vista. Le gustaba memorizar poesía y leía todo lo que caía en sus manos. Insistía en escuchar las discusiones periódicas en la sala de invitados de su casa tratando de seguir las opiniones lanzadas al aire. Sin embargo, eso también le traería momentos de congoja ya que su padre decidió prohibirle asistir a los debates añadiendo que se había hecho mayor y no era conveniente que se sentara con gente extraña a la familia. Nursin se negó a así que se dedicó a espiar las reuniones por detrás de la cortina y durante las tardes viajaba, por medio de las palabras escuchadas, a mundos situados más allá de las paredes de la casa y de los límites de la ciudad.
Un invierno Yulistán sufrió una gran sequía que dejó vacíos los graneros. El rey Yaqut pudo verlo con sus propios ojos en uno de sus raros paseos sobre el ave Fénix. Ella estaba en el oasis apoyada en una pared frente a su casa cuando él la vio por primera vez. Le pareció que era la criatura más bonita jamás vista y decidió llevársela a Qaf costara lo que costara. Con solo un guiño del ave Fénix podía acortar la inmensa distancia entre Qaf y Yulistán, lo que le permitió acercarse cada día durante un mes  a la casa de Nursin sin que ella se diera cuenta. Se le presentó la oportunidad de llevársela cuando la joven salió a las calles con el resto del pueblo para invocar la caída de la lluvia. El gentío subió a la cima de una montaña frente a las puertas de la ciudad para rogarle al cielo. En voz baja cantaron sus ruegos y acabaron la ceremonia revolcándose en la tierra. Cientos de niños, mujeres y hombres se lanzaron rodando sobre la colina dejándose caer. Ella los acompañaba de pie sus bellos y suplicantes cánticos. Llamaban la atención su atractivo cuerpo y el pelo castaño moviéndose por el viento, su aspecto de dama bendiciendo a los devotos y saboreando su pleitesía. La hermosa joven levantó la cabeza hacia arriba con los ojos cerrados y con una sonrisa relajada dibujada en los labios. En ese momento el ave fantástica se le acercó y el brazo de Yaqut fue más rápido que su reacción. Estaba asustada. Cogida como si fuera una niña, el rey la sentó delante de él. Sus esfuerzos por escapar fueron inútiles.
Mientras tanto los allí presentes, inmersos en sus imploraciones no se dieron cuenta hasta que no escucharon el tercer grito. Quienes miraron primero vieron un fuerte brazo levantando al aire a la hija de su ciudad. Los que tardaron en saber lo que pasaba, solo pudieron ver dos alas gigantes de color violeta a punto de desaparecer en el horizonte. Nadie les creía cuando juraban que un hombre encima de aquel pájaro raptó a Nursin llevándosela volando a quién sabe dónde.
Después vino el diluvio que duró una semana. Los habitantes de la ciudad decían que la hija del gran sabio había sido el sacrificio por la llegada de una lluvia nunca antes vista. Su padre no dejó ni un solo lugar de Yulistan y alrededores sin recorrer en su búsqueda. Desesperado optó por sumergirse en los manuscritos de su biblioteca para ver si quizás podía encontrar en ellos una explicación racional a lo ocurrido. Así que siguió buscándola hasta que murió atormentado.
En cuanto a Nursin, poco tiempo después de estar volando se vio encima de una enorme montaña hecha de esmeralda pulida, con la parte central de rubí y lagunas de plata líquida que reflejaban durante el día los rayos del sol, cuyos destellos danzaban sobre la superficie impidiendo ver con claridad. Por la noche, la luz de la luna se reflejaba sobre aquellas lagunas, convirtiéndose en un espejo de cristal donde la propia luna se miraba como si fuera un narciso luminoso.
La joven intentó huir varias veces. No se creía que su ciudad estuviera situada a años de distancia. Lloró durante semanas y dejó de comer hasta casi morir. Las mujeres de la casa le dijeron que La montaña Esmeralda era el lugar más aislado del mundo. ¿Cómo no iba ser así, si la Reina de las Serpientes se enroscaba en la montaña como si la estuviera estrangulando? Una serpiente sin igual que protegía el lugar de la intromisión de cualquiera y que prohibía salir a sus habitantes manteniéndolos encerrados en una cárcel de preciosa esmeralda.
No es el caso del rey Yaqut, quien acompañado de genios y aves salvajes, viaja a montañas y lugares inalcanzables a punto de desaparecer. Con el ave Fénix puede volar de un sitio a otro saltándose recorridos de muchas épocas en tan solo unos instantes.
Nursin se rindió poco a poco a su destino con la esperanza de que algún día cambiaría. Cada vez que añoraba su vida anterior pensaba en el Fénix que descansaba en su nido protector, esperando que nadie se atreviera a molestar su calma. Se imaginaba con aquella fantástica ave, volando a su país y recordaba su intenso color púrpura. Pensaba que aquella era a la vez su única opción y destino final.
Cuando se notó embarazada empezó a tratar por primera vez en su vida con el rey Yaqut. Era algo a lo que necesariamente se tenía que acostumbrar. No sabía prácticamente nada sobre él ni de su mundo. Le pasaba lo contrario a cuando vivía en Yulistán, cuando solamente deseaba saberlo todo sobre Qaf. Ahora que era dueña de su trono no tenía interés ni curiosidad por saber.
Desconocía de dónde venía Yaqut, cómo se convirtió en rey de todas las montañas y piedras preciosas y por qué eligió vivir en aquella ciudad suspendida de montaña tan famosa.
Sabía que entre todas las piedras se enamoró de la esmeralda. No le extrañó porque era lo único que veía a su alrededor. Una vez le contó a Nursin, mientras contemplaba la pared esmeralda de su palacio, que él vio en ese verdor gradual el color complementario al rojo del rubí, que era lo que significaba su nombre. A propósito, ella le respondió: “Entonces, será llamado Esmeralda sea una niña o un varón. Deseo que tenga parte de la belleza y del secreto de Esmeralda pues como bien sabes -Dios te salve- el nombre marca nuestro destino”.
Yaqut estaba ilusionado y esperaba que el recién nacido fuera una niña con ojos  resplandecientes como esmeraldas, verdes como la montaña Qaf. Al cabo de unos meses Esmeralda vino al mundo como un delicado ángel de brillantes ojos y rasgos cautivadores. Era una niña tranquila que apenas lloraba. Su madre la acostaba en la cama boca arriba y ella contemplaba el techo como si ya fuera una sabia filósofa.
Parecía haber nacido con una gran sabiduría a pesar de su silencio. Al principio el rey pensaba que era muda porque hasta los diez años no pronunció una sola palabra. Solamente sostenía la mirada con ojos sonrientes y relajados.
A los siete años, y por insistencia de su madre, el rey encomendó al mejor sabio y filósofo de Qaf la tarea de enseñarla las letras y sembrar en ella las semillas de la sabiduría. El hombre a pesar de sus dudas se alargaba en explicaciones sin confiar en que la niña comprendiera lo que decía o que tan siquiera le escuchara. Ella le miraba sin hablar y él tuvo que seguir enseñándola sin esperar a que ella le dijera nada. La hablaba sobre filosofía, los orígenes de la medicina, el álgebra y la astronomía, sobre los lejanos reinos de la India y Sind, sobre lo que hay detrás del mar de las oscuridades y sobre los rocs, los pájaros legendarios que volaban continuamente por encima de ciudades tan lejanas que eran imposibles de alcanzar, por un cielo negruzco paralelo al cielo natural. También le hablaba sobre los viajeros que buscaban los horizontes indiferentes a los peligros y sobre las piedras preciosas y las montañas que ocupaban enormes distancias del reino de Yaqut separadas entre sí por mares y océanos sin fin.
Dibujó, para ella, la geografía de la Montaña del Diamante rodeada por el Valle de Serpientes. Allí, los mercaderes acostumbraban a sacrificar un animal lanzándolo a las profundidades del valle de manera que los diamantes se adheríana la carne caliente. Después los buitres carroñeros se la llevaban a la cima y los mercaderes los asustaban para poder  recoger rápido las preciadas gemas.
El sabio, además, le explicó con detalle todo lo que debía saber sobre la Montaña de la Nube, se llamaba así porque  su cima casi tocaba las nubes. En aquel lugar vivían las siete hijas del rey de los genios, en un palacio inaccesible a los humanos.
Le hizo escuchar relatos que seducen al corazón, relatos sobre los genios que capturó el rey Salomón en frasquitos de metal mágicos sellados con cobre, dejándolos presos hasta morir.
Desde los siete a los diez años el maestro le había transmitido un enorme conocimiento y le había contado infinidad de relatos. Sin embargo, cayó en la pesadilla de la desesperación al sentir que lo que hacía era papel mojado, malgastando su preciado tiempo con un ser extremadamente hermoso pero que no entendía casi nada pese a la inteligencia y hechicera brillantez de sus ojos.
El día de su décimo cumpleaños, mientras le explicaba el Código de Hammurabi, y después de enseñarle los secretos del faraón Ptahhotep, la geografía de la Montaña del Magnetismo y su maldición fulminante, la desesperación del sabio llegó a sus límites. Decidió   poner punto y final a su enseñanza, acabar de una vez por todas con los intentos de enseñar a aquel callado ser de la realeza.  No se preocupó por las consecuencias que podía traer consigo su decisión pero se arrepintió de haber traicionado a su firme convencimiento de que era inútil enseñar a las mujeres.
La miraba con decepción mientras ella comprendía lo que él estaba pensando. A la pequeña no le quedo más remedio que dejar de fingir y abandonar el mundo de silencio pronunciando sus primeras palabras:
- Mi señor y maestro, tu esfuerzo no ha sido en vano y llegará un día en que te convencerás de ello.
Su voz era segura, firme y amable. Como si hubiera estado ensayando aquella oración durante cientos de años para dejar asombrado al mismísimo sabio. El hombre abandonó la  compostura, se puso a gritar de alegría y corrió a contárselo al rey. Su hija no era totalmente muda como todo el reino se imaginaba.
Desde aquel día Esmeralda siguió hablando con aquella voz de timbre agudo imposible de olvidar. Se consagró al aprendizaje con una avidez que el maestro jamás vio en ninguno de sus discípulos, como si con ello deseara compensar los años de silencio. Observó su interés por el mundo fuera de las fronteras de Qaf, preguntando siempre por los reinos más lejanos como si hubiera heredado de su madre la obsesión por salir de allí. Estaba sedienta de relatos, de beber de sus maravillas y misterios. Buscó una explicación una y otra vez a los genios encerrados en los frasquitos de Salomón, a cómo utilizarlos, a la hierba de la inmortalidad y la manera de conseguirla. También se dedicó a estudiar la posibilidad de dominar a la Montaña del Magnetismo y de someter a las piedras plateadas de la locura.
El sabio trató de evitar su obsesión por los misterios pero su primera pasión eran las cosas sobrenaturales. De su mano estudió ciencias y matemáticas pero todo su ser estaba inmerso en la imaginación y los mundos de las tentaciones.
***
El nacimiento de Esmeralda supuso un cambio en la vida de Nursin y el contacto con la vida en Qaf. La pequeña se convirtió en su segundo país. Durante sus primeros años de vida, la contemplaba horas y horas, suplicando que mencionara aunque solo fuera una palabra. Cuando a los diez años rompió a hablar, casi enloquece de alegría.
Desde ese momento parecía como si la madre hubiera olvidado la añoranza por su lugar de origen y el exilio forzoso a un país que no le despertaba ningún interés. Sin embargo se apoderó de ella una nostalgia enfermiza justo el último año antes de su desaparición. Las callejuelas de su ciudad se le aparecían en sueños. Veía los caminos, las plazas y los barrios como si estuvieran vacíos, sin vida, sin gente ni animales, habiendo solo edificios y árboles. Después le venía el espíritu de un gigante vestido de oscuro, dando zancadas por caminos, un gigante que se resistía a abandonar sus sueños. Ella lo seguía, caminaba tras él casi todas las noches atravesando senderos sin fin y convencida de que sería él quien le marcaría el camino de vuelta.
Se apoderaba de ella el miedo una noche tras otra, cuando el gigante cruzaba ciudades vacías. Aquel espíritu se rendía al encanto de mirar las luces reflejadas sobre enormes cúpulas de cristal. Él se quedó sin aire subiendo las escaleras de una negrísima montaña, amenazando a cada paso con una resonante caída. Ella se ahogaba tratando de reunir fuerzas para  ascender la montaña y se encontró a si misma en la cima escuchando la voz de su padre como si estuviera leyendo un libro:
- “En la distancia sin fin entre la Montaña del Magnetismo y Qaf se esconden los secretos y misterios de la existencia”.
Cuántas veces la Montaña del Magnetismo acechaba a viajeros y aventureros. El negro magnetismo atraía los tornillos y el hierro de los barcos, los metales salían disparados al aire separándose de la madera. Los barcos quedaban desarmados, en pedazos, y los tripulantes, salvo los que sabían y tenían fuerzas para nadar, se ahogaban. Solo unos pocos llegaban a las escaleras que conducen a la cima donde están los rocs, gigantescas aves. Desde allí  observan el camino recién subido mientras la tierra les sacudía con violencia.
Sobre la Montaña del Magnetismo el color negro es aún más oscuro y se expande como si cubriera el universo. Un negro intenso que impide ver y obliga a afinar la vista como si se cayera bajo los efectos de un hechizo incurable, sin volver a verse el azul del cielo o el ilusorio azul del mar. Entonces desaparece el verde de los árboles, el blanco de las nubes y el anaranjado de la niebla.
Pero el hechizado por el color negro del magnetismo no tiene por qué estar triste. Este embrujo es menos grave que el de las brillantes piedras de plata de blanco intenso esparcidas por entre el magnetismo negro. Si bien éste magnetiza los metales, las piedras de plata magnetizan a las personas. Quienes miran las piedras plateadas no  pueden alejarse de ellas. Los pies van involuntariamente hacia la plata, se quedan pegados y sus dueños se sumergen en una risa sin fin que les lleva a las profundidades de la locura. Es una locura de plata  diferente a cualquiera otra pues se convierte en un ataque de risa que acaba con la muerte.
La reina Nursin no contó los sueños a nadie. Tampoco hizo mención al gigante que llegó a ver como un compañero de camino. No sabía hasta qué punto acabaría con ella. Con el tiempo los sueños fueron más reales. Siempre interpretaba que aquel hombre se la llevaría de vuelta a casa de su padre. Después empezó a tener una nueva obsesión: la locura de las piedras de plata de la Montaña del Magnetismo. Era una obsesión que se le aparecía frecuentemente en los sueños y cuando se despertaba, no podía pensar en otra cosa. Por ello, se preguntaba si acaso estaba hechizada en la distancia. El miedo a volverse loca se apoderó de ella. Sin embargo y aunque lo deseaba, no se resistió.
En un sueño revelador se vio a si misma en los confines de la Montaña Esmeralda, en concreto delante del sicómoro, árbol habitado por la Reina de las Serpientes. Esperó mucho tiempo antes de escuchar una voz que venía de la cavidad interior del tronco anunciándole que su deseo estaba a punto de cumplirse.
Cuando Nursin desapareció, Esmeralda tenía quince años. La joven hizo esfuerzos desesperados porque su padre le revelara el secreto de la desaparición pero sus pocas palabras no eran más que intenciones de crear confusión.
Aunque el nombre de Nursin se convirtió en tabú el viento susurró a la joven la relación de lo ocurrido con la Reina de las Serpientes y la Montaña del Magnetismo. Las sirvientas por su parte, le confesaron que a la reina se la vio por última vez en el árbol de la serpiente guardiana.
Aquel mismo año el rey llevó por vez primera a Esmeralda ante el nido del ave Fénix para ver si dejaba de estar triste. Hizo que se familiarizara con ella y aprendiera a montarla y dominarla, le dijo que iba a ser su medio para viajar y conocer el mundo una vez cumpliera los veintiún años y la advirtió mucho sobre la necesidad de cumplir esa ley sagrada y de no partir con antelación y ella le juró obediencia.
Como primer destino tenía en mente la Montaña del Magnetismo. Pisaría su suelo sin contar con los peligros que pudiera haber. Aparecía el espíritu de su madre dando vueltas entre senderos y laderas en sueños reveladores. Llegó a convertirse en una torturadora obsesión. ¡Cuántas veces soñó Esmeralda con cruzar el mundo sobre el ave Fénix!
¡Se le hacían tan lejos los veintiún años! ¡Deseaba tanto que el tiempo pasara deprisa. Cuanto más se impacientaba, más sentía que había posibilidad de encontrarla. Creía que se encontraba perdida en las oscuridades de la Montaña del Magnetismo debido a la malicia de la Reina de las Serpientes, guardiana de Qaf y de su aislamiento.
El gran maestro descubrió que Esmeralda pensaba que la serpiente gigante prohibía salir a las gentes de la montaña y por ello deseaba matarla. Con gran temor y para su sorpresa, la informó de que la serpiente no hacía sino protegerlos y preservarlos del peligro de desintegración y desaparición. Le confesó que nunca había hecho daño a nadie. Solamente se enroscaba a la montaña como una madre cariñosa y cuando hibernaba se refugiaba en su cueva particular. Le dijo que el aislamiento de Qaf era   predestinado y no tenía que ver con ninguna criatura. La princesa, callada, aceptó sus palabras.

 Pasado un tiempo el sabio pensó que Esmeralda  se había olvidado del asunto pues ella nunca volvió a mencionarlo. Pero lo que ocurrió fue que, por entonces, ya había empezado, sin ella saberlo, el camino de hoguera.  

The second chapter of my novel "Emerald Mountain" translated into Spanish by: Eva Chavez Hernandez.

Sunday, March 16, 2014

Beyond Paradise

by Mansoura Ez Eldin
Excerpt translated by Paul Starkey

Salma Rashid went down the eight steps of their house like a raging tiger, followed by a servant staggering under the weight of the huge wooden trunk he was carrying. She stopped in a bare area in the rear courtyard of the house, which had lost most of its charm, and waved her hand. The servant put his load down on the ground, and wiped the sweat and grime from his face. She seemed to be unconcerned about the scorching heat of the August noontide, and paid no attention to the black snake that poked its head out from the pile of straw nearby, before disappearing inside it once again, nor to the fat grey rat that quickly scampered from the site that Salma now occupied. Nearby, a quarrelsome gerbil disappeared between the leaves of a vine whose branches hung proudly from the orange-painted trellis, whose colour had faded over time.
She was like someone driven by a power within her, stirring her anger for an unknown purpose. She opened the trunk with difficulty, took out the papers inside it, looked at them for a short time then put them back. She poured a little kerosene over the trunk and without a moment’s hesitation set it alight.
With her frizzed hair tied back, her steely gaze, and her lips pursed in deadly anger, she looked as though she were performing some obscure pagan rite, especially as she had begun to move her hands closer to the fire – so close that anyone seeing her might think that she was about to grill them. Soraya, who was secretly watching her from behind the window, did not understand what on earth her daughter was doing, but she seemed happy that she had finally emerged from the room where she had shut herself up ever since coming back home.
As the fire began to singe her, Salma quickly withdrew her hands, and sat down on the enormous trunk of the willow tree that Rashid had cut down a few years ago. Its trunk had remained there, like an oddly shaped seat, like a message to unknown visitors of the existence of a tree here one day in the past, and a life crammed with incidents and small details that had disappeared, never to return.
She had watched the trunk being eaten away as if her life depended on its death and decay. In front of her, Rashid, Samih, Jabir, Rahma, Soraya, Jamila, Hisham and Lola were being eaten away and consumed by fire. She herself would burn with them, to begin anew with a youthful spirit and less painful memories.
The thick black snake emerged again from the pile of straw and headed for a crack under the wall opposite, leaving a cylindrical trail etched in the soft soil. Salma didn’t see it this time either, and even if she had seen it, she probably wouldn’t have lifted a finger, so absorbed was she in watching the flames and the thick smoke rising from them.
After a little she got up sluggishly, shook some imagined dirt from her clothes, and walked slowly and distractedly around the garden before turning back to the front steps of the house and hurried up them.
Ever since her childhood, she had believed the steps had to be taken at a run, and despite being two years into her thirties she still unconsciously retained this belief.
She pulled back a bamboo chair and sat down beside her aunt Nazla, who was studiously reciting the Qur’an in a quiet voice. She looked around at the wide veranda – in a corner of the roof a spider had woven its web. She took a deep breath and sighed. This was the first time she had left her room even though she had been at home for a month.
Her eyes were more sunken than usual, and crisscrossed by several tiny capillaries; she was lost in thought in a different place, somewhere older and more lively. In the middle of this place was a young girl, crying, with the eyes of a startled cow.

* * *

Salma went back to her father’s house, driven on by a dream.
Her dream was only a bit like her. It was violent, but its violence wasn’t of the hidden sort that only reveals itself in impatience, extreme boredom and unjustified anger. On the contrary, this was real violence embellished with murder, blood, and burial rites.
She was overcome by a frightening feeling of guilt. She was living through what criminals suffer when their lives have moved on to the point when they feel they are cursed forever and when there is absolutely no hope of wiping away that curse. The feeling that sometimes drives them to the point of wanting to die, and to be reborn with an innocent, unsullied spirit.
She was convinced that she had killed someone, buried him with her bare hands, and got away with it. She was standing cold-bloodedly watching his blood ooze out, then congeal. She dismembered his corpse, then gathered the parts together, threw them in the earth and buried them, levelling the ground with her feet. Then she sat down on the damp soil without noticing that her elegant clothes were dirty.
“It’s Jamila I’ve killed,” she said to herself.
As if she were summoning back a scene from the distant past, the events of the dream came back to her, and she was overcome by a deep feeling of guilt. It wasn’t the feeling of a criminal whose deed has been exposed, and who is now subjected to looks of condemnation and contempt from other people because of his hideous crime. Such looks may give him the power and courage to challenge the others, to spit indifferently in their faces in order to conceal from them the waves of repentance he is beginning to feel. But for her, rather, it was the feeling of a killer who has skillfully committed a hideous crime without anyone knowing about it ­– of a man who thought himself so strong that he would never feel a twinge of conscience, but then his strength failed him and his subconscious turned into his bitter enemy.
She felt that she had ruined her whole life by that crime of murder, and despite the fact that no one had seen her, she was thinking of a way to make amends and wash her hands of the blood.
At a certain moment she became detached from her dream. She emerged from it and stood contemplating it, scared by her sense that she was a murderer who had hidden her crime for decades, and that now her strength had deserted her she had to confess to it.
The moment of detachment from her dream was usually a crossing point to the land of reality. A few seconds later she would wake up, though she could not completely throw off the effect of her dreams. The details of her real life would remain confused in her mind for some time, her dreams mingled with reality, and her nightmares with her inner feelings.
Eyes closed, she remained for a time sifting through the events of her life. She could not discover any crime worth mentioning, and thanked God that her bitter feelings of guilt would not have a basis in real life, even though she did not stop feeling intense pressure and confusion. Several times her dreams had taken control of her real life, making her detached from it, and then she was so immersed in the madness and confusions of the dream that that fantasy and reality became completely intermingled.
She was deluding herself if she imagined she could escape from this feeling of guilt. It was true that it was considerably less oppressive than in the dream. But she could not get rid of it completely; it stayed clinging to her, and she tried to find some explanation for it.
She thought that the point of this dream lay in the secret nature of the crime she had committed; no one knew about it, and so she had received no punishment for it. Secrecy, then, was the key to it all. What was the secret she was harbouring, do you suppose, the secret that pursued her in her dreams? She wondered about this without arriving at a satisfying answer.
The next night she had another dream, which was like an extension of her first one. In this dream, the details appeared more clearly and were more disturbing.
With Jamila’s body lying peacefully on the bed that she had with difficulty moved her on to, Salma straightened her clothing in front of the bathroom mirror. She put on fresh lipstick and painted a long line of kohl on her upper eyelids. The rosy colour of her cheeks made her forget to add any other make-up.
Jamila’s hoarse, rattling voice as she uttered her last words almost made her stop, but Salma had already reached the point of no return, so she continued her powerful thrusts into her chest. Jamila’s bright red blood gushed out warm, and Salma began to tremble, her eyes fixed on the face from which the life was draining forever. She thought it would be stupid to bother cleaning things up. She looked at the pink sleeveless jacket and short black skirt she was wearing to check they were clean. Fortunately the jacket had not been touched by blood, although her left arm had a long red smudge on it; it looked just like a red gladiolus, with a long stem and some four blooms pressed together one above the other. She was pleased by this comparison and gave a laugh, the echoes of which resounded in the locked flat. She had forgotten the person sleeping inside, for nothing about her showed any sign of life.
She sat on the sofa and put her large black bag on the floor between her feet. She took out her pack of cigarettes and started smoking calmly. She felt she had finally detached herself from her former life with all its clamour and frustrations. She was no longer the young woman she had been a few days ago, nor the girl she had been in the past. She had no feeling of regret; on the contrary, she felt a secret pleasure that stunned her, even though she did not attempt to deny it. A captivating feeling that she had not previously experienced had her in its grip.
Completely numbed, she started to smoke another cigarette. When she had finished it she picked up her bag and went into the bedroom where the body of her childhood friend was lying. She seemed to be taller than she really had been. She looked at her still, blue face but didn’t dare touch it. She was struck by the resemblance between it and her own face.
She went back to the bathroom, turned on the tap and washed her arm more than ten times. This time she noticed in the mirror the blue rings around her eyes. She also, for a moment, imagined she saw her father’s face in the mirror, but when she looked again more carefully his face had completely disappeared.
She left the flat quietly and shut the door behind her. The staircase was quite dark, and she took longer than usual to reach the almost deserted street. She walked along slowly. She could find nothing to think about, so she occupied herself with counting her footsteps, but whenever she reached the tenth step she lost count and had to start counting again. When she tired of this game she made for a nearby cafe and sat down in an out-of-the-way corner. The effort she had expended had exhausted her as well as creasing her clothes, giving her an overwhelming feeling of being dirty, which she tried to ignore as far as possible. She lit a fresh cigarette and took a sip from the cup of coffee the waiter put in front of her. The waiter quickly retired, and she drank the coffee with pleasure, then turned the cup upside down on the saucer. Immediately she held it up to see what the dark pattern inside it most resembled. Jamila’s face was in front of her, with all the pallor and terror that had gripped it in her final moments. She couldn’t control the shaking that suddenly took hold of her. Jamila’s face would be imprinted on her mind, clinging to her as she had clung to the knife, whose stabs had brought them closer together than ever before.
She remembered her fondly as she had tried to grab at anything, as great volumes of her blood gushed out. She wished she had been able to freeze that moment for ever, for she had never been as close to anyone as she had been to Jamila at that moment. She was so close to her that she dreamed of eternity, an eternity that Jamila had deprived her of.
She looked at her arm. The bloody gladiolus flower was once again etched on it. She tried to rub it off, but it would not disappear, spreading itself out like a lazy wild animal. She ran out of the cafe. She ran a long way without noticing how far, and when she felt tired she stopped and leaned against a lamp post in a crowded street. The flower was still spreading, and the eyes of a woman just like her were fixed on it. She walked on with sluggish steps, repeating: one, two, three . . .
She thought that she ought to have a final look at Jamila. She wondered how she had managed to leave her behind so quickly. She started to feel like someone who had been stripped of her name and her identity, or at least of a large part of it. The name “Salma Rashid” no longer meant the same to her as it had a few moments ago. It had become distant from her, and she had become equally distant from it, with neither of the names signifying the other any longer.
As for Jamila, her presence seemed as though it would redouble itself as a result of her absence; as though it would take hold of her and distance her from herself. Jamila Sabir was the curse that would inhabit her forever, her alter ego that had detached itself from her and severed its relationship with her without a second’s hesitation!
Salma woke up from her sleep feeling extremely annoyed. This time she felt that what she had seen had not been a dream, but rather a reality she had experienced, and which had left a bloodstained mark on her soul. Usually her dreams were just unconnected fragments, lacking any logical sequence of this sort.
She stayed in her bed for some time wondering why Jamila had suddenly been drawn into her life again, even if only through dreams. She left her bed and went barefoot into the bathroom, washed her face, then went to the kitchen and made a cup of Nescafé, which she took with her to the study of her small flat.
She sat in front of the computer that she had forgotten to shut down before she slept. There were no emails for her. As usual, Zia had not answered her numerous emails to him. She shut down the computer, and took a light breakfast. She got her clothes bag ready, and put the sheets of the “novel” she was writing into her handbag. Then she left for her father’s house in the village, the house that had been deserted ever since her father’s death, except for her mother and her ageing aunt and occasionally her sister Hiyam, who stayed with them from time to time.
About a month later, Salma was racing down the eight steps of their house like a raging tiger, followed by the servant with the enormous wooden trunk. She stood in the empty part of the rear courtyard of the house, unconcerned by the blazing heat. She took no notice either of the black snake slithering quietly from the pile of straw to the hole at the bottom of the wall.
Her eyes were more sunken than usual and crisscrossed with several capillaries. Her mind was elsewhere, wandering in an ancient place, in the middle of which was a young girl with the eyes of a startled cow.
Outside, the peach trees were in blossom, children were racing each other to buy halva, and peasant women were sitting in front of their doorsteps chattering with each other.  The women of the house had gone to visit the graves early in the morning and had come back with a young girl. Hikmat had found her crying on the way there. They brought her back while the men and children took their breakfast at a low, round table on the house’s wide veranda, accompanied by the servant Sabir, his wife Bushra, and his daughter Jamila.
The girl stood crying in the middle of the veranda. She was wearing a short, green-coloured georgette chiffon frock. Her short, reddish brown, hair was cropped like a boy’s, and her eyes were as wide as those of a calf.
She was about the same age as Jamila and Salma. The two young girls looked at her with a curiosity mingled with envy. This made the girl launch into another round of crying, even more noisily than before, as if she felt that her existence had become threatened by these inquisitive eyes staring at her.
Soraya went up to her and patted her gently on the shoulder as she wiped away her tears, then drew her aside to sit on the Ottoman couch, which was covered in a coarse white cotton cloth. She asked her name, and the girl replied in a trembling voice: “Samah!” Between her tears, she added: “Samah Ahmad ‘Abd al-Hadi.”

El-Ain Publishing, Cairo, 2009


Saturday, March 8, 2014

On Maryam's Maze




Camden New Journal - 8 May 2008

Mansoura Ez-Eldin’s new novel, which challenges deeply held views about Middle-Eastern women, is a far cry from chick-lit, writes Mohammad Al-Urdun  


WRITING this novel left Egyp­­­tian author Man­soura Ez-Eldin wracked by doubts. 
Not just because it was her first novel, but because in it she challenges some deeply held views about women. 
Readers in the Middle East, she feared, weren’t completely at ease with such an unconventional novel from a woman – even in Egypt with one of the most progressive literary scenes in the region. There were still taboos. 
Over the past few years Ez-Eldin has made a name for her bold, experimental writing. Since moving to Cairo from a village by the Nile, she’s been feted as one of Egypt’s fastest-­rising thirtysomething women writers. It is no surprise she’s caught the eye of several international publishers. 
Yet Ez-Eldin still frets that she may have gone a step too far with Maryam’s Maze. 
“Arab readers aren’t used to this style from an Arab writer – especially from a woman,” she says. “I felt like I’d committed a crime.”
As things turned out, Maryam’s Maze was praised for being “avant-garde” and “eerily gothic” and Ez-Eldin for her “fearlessness” in testing new ground. 
She’s one of the women writers who have pushed themselves to the forefront in Egypt, a country rocked by western and Islamist forces, and by conflicts in Iraq and Palestine. So when they grapple with gender, sex, family and everyday life, what they produce is far from glossy chick-lit. 
That’s not to say Ez-Eldin writes in overt political tones. She produces a style of her own. In Maryam’s Maze she has created a smoke-and-mirrors 
psychological thriller with an eerie twist. 



Maryam is a young woman who wakes to find her life turned upside down, her lover vanished and her closest friend disappeared. 
Every little thing seems slightly out of place until it dawns on her that all she has left are fragments of memory to piece back to together amid a rising terror that she has gone completely mad. Whether she has remains an open question. Ez-Eldin trails a series of clues and tosses in some confounding questions: is Maryam mad, the victim of a terrifying altered re­ality or is she perhaps dead and returned as some kind of ghost to walk the streets? The questions are never quite answered. 
“I love to take risks by trusting the reader to make up their own mind,” says Ez-Eldin. 
The secret, she finally let on, is in the Egyptian mythology she learned at her grandmother’s knee in a tiny village by the Nile. In Maryam’s Maze she conjures a spirit-­double (known as a Qarin in Islamic folklore) which lives in the shadows of Maryam’s life, hellbent on usurping her. 
She uses this device to explore metaphorically the issues of identity and memories she feels are at the heart of Middle Eastern politics in Iraq, Palestine and Egypt, where young people are torn between the West and traditional, often Islamic influences. 
The cohesion and optimism of post-colonial Egypt of the 1950s and 1960s has given way to cynicism with the pro-American government of Hosni Mubarak and an identity crisis that has left people searching for a new way. 
“When I began to write I was totally occupied with questions of identity, memory, the human condition and insanity,” says Ez-Eldin. “I was trying to understand how the dreams of the Nasser era became so meaningless to the new generations.”
The novel is set against the background of the patriarchal society that presses on Egyptian women. Maryam’s Maze also asks some awkward questions of the nature of the oppression. 
“On many levels oppression begins in ourself. We can be our own worst oppressors,” says Ez-Eldin who insists she is not a feminist. 
“To be honest, I was much more interested in human beings in general,” she says. “In many ways Maryam could be from any part of the world.” 
Nonetheless, it’s the special Egyptian twist which makes this such an intriguing story and Ez-Eldin such a hot prospect.
• Maryam’s Maze. 
By Mansoura Ez-Eldin. American University in Cairo Press £10.95.

Wednesday, October 10, 2012

A new review of Maryam's Maze


I've just come across this fresh review of "Maryam's Maze" written by the Indian writer Viswanathan Somanathan who wrote: "Another thing which I found quite interesting about the book was this. It would have been easy for Mansoura Ez Eldin, as a woman writer from an Arab country, to take potshots at the patriarchal establishment and portray her country in not-so-good light. International readers would have lapped it up. But she hasn’t done that. She hasn’t taken the easy way out. She has written a book where each sentence is beautifully sculpted and where the whole story is a work of art. I admire her for that. (Of course, this is my own opinion. A more informed reader might see underlying subtext in the story.)
I loved ‘Maryam’s Maze’. It is a beautiful, slim gem. I want to read other works of Mansoura Ez Eldin now".

Friday, September 21, 2012

Dreams and reality, Memory and forgetting



Zuzana Kratka reviews

Maryam’s Maze

by Mansoura Ez-Eldin

AUC Press, 2007 ISBN 978-1-84659-025-2 pbk 154pp



Maryam’s Maze is the first novel by a young Egyptian woman writer, Mansoura Ez-Eldin. Writing about the life of an individual, emotions, inner thoughts, the relation between dreams and reality and their impact on human psychology, Mansoura Ez-Eldin belongs to the generation of new Egyptian writing that tackles the issues of individualty rather than those of society as a whole, marking them out from classic Egyptian authors such as Naguib Mahfouz, Yusuf Idris or Mahmoud Taymour. Mansoura Ez-Eldin began writing short stories in newspapers and magazines before publishing her first short story collection Shaken Light (2001), and now her debut novel Maryam’s Maze (published in Arabic by Merit Publishing in 2004). Born in 1976 in a small town in the Egyptian Delta, Mansoura Ez-Eldin graduated in journalism from Cairo University in 1998 and started her career working for Egyptian TV, progressively moving into press journalism, where she presently works as Reviews Editor of the weekly Akhbar al-Adab [Literary News].

Focusing on relations between dreams and reality, on the one hand, and, on the other, memory and forgetting, with a particular focus on women, Maryam’s Maze builds on Ez-Eldin’s short story writing. Concentrating on the internal life of her heroine, Maryam, Ez-Eldin seeks to capture the feelings and experiences of a young girl unable to distinguish clearly between dream and reality and who has lost consciousness of time and space. The narrative starts with the scene of Maryam dreaming about going to El-Tagi’s palace, the place where she grew up, and feeling that there is a ghost girl, her alter ego walking beside her. When they enter the palace together, its former inhabitants appear as ghosts before they all disappear leaving nothing but blood stains behind them. The scene finishes with Maryam’s ghost-like alter ego stabbing the real Maryam, who then wakes up from this terrifying nightmare only to discover that she is no longer in the hostel where she went to bed the night before, but in a flat that belonged to her grandmother a long ago. The reader is then taken on a journey of Maryam’s sparse memories in which she attempts to re-establish her past – ‘I’m nobody,’ said Maryam, […] Maryam felt that she had been reduced to nothingness. She no longer had any physical existence to fill a space in the void. From this moment on, she had to face the world like someone experiencing life for the first time.

Interested in feminism, but also in the human body, as she acknowledged in an interview for Camden New Journal in 2006, made while on the Banipal Live UK tour, Ez-Eldin offers her readers numerous flashback insights into relationships between individuals and their bodies. Maryam’s mother Narges, for example, is described as a woman who feels she was forced to abandon her dreams and her ambitions for marriage and family life, a woman too focused on herself and in love with the body of her eighteen-year-old self, who found pregnancy [with Maryam] a painful and negative experience.Maryam’s Maze is a novel that stands out not only for its content, but also because of its structure.

Each chapter begins with fragments from the story of El-Tagi, Maryam’s ancestor who founded the family and built the palace to which most of the narrative is linked. Besides this intertextual feature, each chapter opener carries a symbol, which is then demonstrated in the narrative of the novel itself. For instance, in the sixth chapter we can find a parallel between apricot trees in El-Tagi’s garden and Maryam . . . the small trees would grow until they reached a certain stage, then stop. And we learn about Maryam’s upbringing and education, how despite being a very gifted child in science subjects, Maryam couldn’t reach minimum marks in others, and as a result had to make alternative choices in her studies and life.

The novel has now been made available to the English language readership in a remarkable translation by Paul Starkey, who is professor of Arabic at the University of Durham and translator of a number of Arabic novels into English. Starkey has also written widely on the subject of Arabic literature, most recently authoring Modern Arabic Literature (EUP, Edinburgh, 2006). Maryam’s Maze is an intriguing, intellectually challenging and yet very enjoyable piece of writing. It can be read, re-read and read again from many different angles, bringing each time new views and opening new perspectives. Highly recommended.

From Banipal 30 - Autumn\ Winter 2007.

Sunday, September 16, 2012

أساطير العائلة تعيد الابنة إلى الريف


 ناظم السيد

بيروت- 'القدس العربي':

 بعكس الحيّز المكاني الذي جرت وتجري فيه الرواية الحديثة في غالبية نماذجها، فإنَّ منصورة عز الدين ذهبت بروايتها إلى الريف مباشرة. لم ترصد الروائية هجرات الريفيين إلى المدن، تلك الهجرات التي شغلت الرواية والسينما في مصر منذ 'ثورة يوليو' إلى اليوم، بل ذهبت إلى الريف لرصد حياة الناس قبل خروجهم من هذا الريف، قبل احتكاكهم أصلاً بالمدينة. حتى الأبناء الذين ذهبوا للعيش في القاهرة أو طنطا، والذين يشكلون شخصيات محورية في هذه الرواية، لا يتم رصد حياتهم في هذه المدن. تكتفي الروائية من حياة هؤلاء بذلك الجانب الذي يوقظه الريف، أي رصد حياة الطفولة لهؤلاء أو حركاتهم حين يزورون الأهل في مسقط الرأس والمكان الأول للاصطدام بالعالم.
لكن الريف كمكان تجري فيه أحداث الرواية، لا يجعل من هذه الرواية رواية ريفية، لا يضعها ضمن الأدب الذي اشتغل على الريف كقيمة في طريقها إلى الزوال كما في النماذج اللبنانية من مارون عبود إلى ميخائيل نعيمة إلى أنيس فريحة وإميلي نصر الله (أعطي نماذج لبنانية لأن اطلاعي عليها أوسع من التجارب المصرية أو غيرها من التجارب العربية، ولأن الرواية الريفية اللبنانية تشكل مفصلاً اساسياً في الرواية العربية تماماً كالشعر اللبناني الذي استلهم الريف كنوع من الحنين كما لدى شعراء الهجر، وصولاً إلى نتاج الأخوين منصور وعاصي الرحباني على صعيدي الغناء والمسرح). لا، الريف هنا مجرّد ذريعة للسرد، حجة لقول حكاية وتأليف حبكة.
إنه وسيلة القص وليس غايته كما سبقت الإشارة في الأعمال التي جعلت من الريف أيقونة وفردوساً مفقوداً وفكرة عذراء. ما يدلل على أن الريف هنا مجرّد مكان للقص هو أن الحدث الروائي ليس الريف وقيمه الجمالية والطبيعية والأخلاقية والحياتية عموماً، وإنما العائلة التي يجري رصد مصائرها فرداً فرداً من الآباء إلى البنين. العائلة بوصفها حدث الرواية تخرج هذا العمل من تصنيف الرواية على أنها ريفية ولا سيما أن السرد غالباً ما تركز على هذه العائلة وأفرادها كأن السرد يجري في الداخل من غير أن يقيم شأناً كبيراً للبيئة المحيطة إلا ما لزم أو صعب تجاهله (انتحار لولا مثلاً خالة البطلة سلمى بسبب حملها من دون زواج).

سلالة ومصائر

إذاً، تعيد منصورة عز الدين في 'وراء الفردوس' تأليف حياة عائلية تفرقت بالزواج والإنجاب ومشاغل الحياة والعمل وتبديل أماكن العيش وتراكم الزمن. من السهل القول إنها سيرة ذاتية تعيد فيها المؤلفة سرد حياة عائلتها. لكن سهولة كهذه يجب ألا تغري الناقد أو القارئ في ظل غياب معطيات حياتية عن المؤلفة. لهذا من الأسلم تناول الرواية على أنها عمل متخيل مستقل عن حياة الكاتبة حتى لو تقاطعت أحداث معينة مع حياة الكاتبة، غير غافلين عن عبارة فلوبير الشهيرة 'مدام بوفاري هي أنا'، مقابلينها بشغل رولان بارت على الشخصية الروائية، معتبراً أن 'الكائن في الرواية هو كائن نصي'. والحال، فإن عز الدين تسرد سيرة عائلة من خلال سلمى ابنة رشيد التي تزور بيت أهلها لتبدأ عملية مراجعة لتاريخ العائلة، من العم جابر الذي بنى مع والدها مصنعاً للطوب الأحمر، قبل أن تقرر الحكومة إغلاق مثل هذه المصانع، فأبدله بمصنع للطوب الطفلي، والعم سميح المشكوك في نسبه إلى أبيه بحسب ما توحي الرواية، وهو الأقل ثروة بين أشقائه، والعمة نظلة التي تزوجت ولم تفقد بكارتها فعادت إلى بيت أهلها لتمضي بقية حياتها في بيت شقيقها رشيد عاشق الشرب والنساء والإسراف واللهو، والخالة لولا التي حبلت من شخص مجهول وانتحرت بالزرنيخ، وصولاً إلى حكمت طليقة العم جابر الذي تزوج بدلاً منها بشرى زوجة خادمه صابر الذي قضى في معمل الطوب (إضافة إلى الجدة رحمة، والخالة أنوار، والخال مصطفى الذي تزوج من امرأة ثرية تدعى نهاد تخجل من حياة الريفيين، وظيا زوج البطلة سلمى وطليقها لاحقاً وهو بريطاني من أصل باكستاني). ثم هناك الجيل الثاني من العائلة أي هيام أخت سلمى التي تزوجت رجلاً يعمل في قطر ولبست العباءة، وخالد شقيق سلمى الذي راح يميل للتدين كرد فعل على سلوك والده، وأنوار الشقيقة التي تحضر في الرواية بلا أي صفة أو حياة، وهشام ابن العم جابر والذي نام مع جميلة صديقة سلمى منذ الطفولة وقرينتها إذا صحَّ الوصف، والتي تشكل مع سلمى بطلتي الرواية، سلمى التي تلعب دور حافظة الأحداث وراويتها ومؤولتها وحاملتها على معانيها المتعددة، وجميلة ابنة الخادمة بشرى (زوجة العم جابر لاحقاً) والخادم صابر الذي تمزق لحمه في مصنع الطوب. تلعب جميلة دور البطلة الظل. إنها ضمير سلمى وصوتها الباطني وهاجسها ومطاردتها ومحتلة الجزء العميق من لاوعيها.

تقصّي الأحلام

توظف سلمى في 'وراء الفردوس' الأحلام كمادة روائية أساسية. نحن أمام شخصيات تحلم وتعيش أحلامها ثم تحلم بما عاشته حقيقة. الحلم هنا مادة السرد وذخيرته. لهذا يتوسّع عالم الحلم في الرواية ليشمل الخرافات والأساطير الريفية من أرواح وجن، كما يشمل أغاني شعبية يرددها الصغار عادة، من غير إهمال علم النفس الذي يحضر من خلال جلسات العلاج التي خضعت لها سلمى لدى طبيبة مختصة. سنكتشف مع توالي السرد أننا أمام عالم يختلط فيه الواقع بالحلم. سيظلُّ هذا الاختلاط يتنامى ليبلغ أخيراً ذروته: هل فعلاً ما جرى كان يجري حقيقة أم أنه مجرّد تهويمات تحدث في رأس البطلة سلمى. إن استخدام الحلم والأساطير والحكايات وعلم النفس في الرواية شكلت أقنعة وأدوات أتاحت للروائية التأليف والإنشاء بدل الأرشفة والتوثيق. أتاحت لها إجراء هذه المسافة عن الواقع.
قد تكون 'وراء الفردوس' من الأعمال الروائية القليلة التي تنتجها امرأة من غير أن تخضع لهذا الشرط. ليس في الرواية تلك الأنا النسوية التي تشكل عادة بؤرة السرد ووسيلته وغايته. ليس هناك أيديولوجيا نسوية تتصدّر العمل الأدبي وتعميه أحياناً. لا يعني هذا أن المرأة ليست حاضرة كقيمة اجتماعية أو إنسانية. بالعكس. لكن حضوراً كهذا لا يختلف كثيراً عن حضور الرجل. مثلاً، انتحار الخالة لولا لا يختلف كثيراً عن موت الخادم صابر، وتديّن الشقيقة هيام لا يختلف عن تديّن الشقيق خالد، وتخلي هشام لا يختلف عن تخلي جميلة. هكذا فإن الحياة تقسّم حوادثها على الذكور والإناث بالتساوي، بعيداً عن موقع الرجل وموقع المرأة في مجتمع شرقي وريفي أيضاً.
كذلك تلفت لغة صاحبة 'ضوء مهتز' و'متاهة مريم' في هذه الرواية. إنها لغة سردية في المقام الأول، بعيدة عن البلاغات الشعرية والجمــاليات الإنشائية.
لغة بسيطة، سهلة، مباشرة، يأخذ فيها الحكي (من حكاية) مساحة واسعة، مثلما يشكل الحوار فيها ميزة المتكلمـــين وطبقاتهم وصفاتهم وثقافتهم. إنها لغة منضبطة عاطفياً: دراما بلا تراجيديا، وألم بلا تفجّع.

نُشِرَت المقالة في جريدة "القدس العربي" في سبتمبر 2009.

أهو الفردوس حقاً؟!


د. شيرين أبو النجا

كأن تشريح الذات بلا هوادة، عبر تحليل مفردات اللاوعى الانساني ـ ذلك الجانب المظلم المخيف ـ كان منذ البداية الهاجس الروائي الذي يسيطر على منصورة عز الدين. فقد بدأت تستكشف الطريق لذلك الجانب المختبىء البعيد في محموعتها القصصية «ضوء مهتز» (2001) ومن ثم وضعت الأساس في روايتها الأولى «متاهة مريم» (2004)، تلك الرواية التي قامت فيها مريم بقتل قرينتها أملا في الخلاص من ذلك الهاجس، إلا أنه مع كل جريمة قتل ترتكبها (أو بالأحرى تكتبها) منصورة يعود ذلك اللاوعى إلى احتلال المشهد بأكمله، مراوغا للواقع بكل وعيه المادي الثقيل والمثقل بآخرين، مفارقا له وأحيانا ساخرا منه. إذا كانت مريم بحثت ـ حتى أضناها البحث ـ عن مخرج لمتاهتها في السراية فإن سلمى في «وراء الفردوس» (دار العين، 2009) تحاول أن تتجاوز درجات السلم الثمانية للبيت الكبير، في محاولة لتثبيت صورة الفردوس المليء بأزهار الخوخ والخالي من أى طبقات اجتماعية كما تذهب الحكاية الصينية، ولأن الفردوس في هذا العالم المادي مفقود يقينا، فإنها تتجاوز الفردوس لتصل إلى ما ورائه رغما عنها. وبكل دلالات الاختباء التي يحملها ظرف "وراء" ينقب اللاوعى المختبىء عن مفرداته بنفسه، وكأن الذات قد انشطرت إلى قسمين، قسم يراقب ويسرد، والآخر ينقب بهيستيريا عن مكنونه لتخرج رواية "وراء الفردوس". 

يبدو البحث في مكنون اللاوعى هاجس أدبي انساني يتملك الكتاب بشكل عام، لكن القليل منهم هو الذي يتمكن من طرح مفرداته للقارىء بسلاسة عبر بنية روائية محكمة تنهل من كل عناصر العمل بشغف حتى يستحيل فصل مفردات اللاوعى المطروحة عن تلك الشخصيات في تلك الأماكن بتلك الأفعال. فتتحول الشخصيات في حركتها داخل النص، وبالتالي السرد، إلى منظومة ترمز إلى حركة اللاوعى الدائمة وتفاعله مع الواقع الثقيل. بذلك يأتي المشهد الأول محملا برمزية تؤطر الرواية بأكملها، في قرية بدلتا النيل قريبة من مدينة طنطا تنزل سلمى رشيد سلالم البيت "كنمرة هائجة"، "يتبعها خادم يرزح تحت ثقل الصندوق الخشبي الضخم الذي يحمله" (ص 7)، ثم "سكبت قليلا من الكيروسين على الصندوق، وأضرمت فيه النيران دون ذرة من تردد" (ص 8). قررت سلمى حرق الصندوق الذي يحوي كل الأوراق التي تركها الأب رشيد اعتقادا منها أن الهدم الكامل يولد بناء جديدا فقد "كانت تراقب الصندوق وهو يتآكل كأن حياتها هى معلقة بفنائه وتآكله.. يتآكل أمامها رشيد، سميح، جابر، رحمة، ثريا، جميلة، هشام، ولولا ويحترقون. تحترق هى معهم كى تبدأ من جديد بروح شابة وذكريات أقل ألما" (ص 8). 

يؤسس هذا المشهد للسردية كاملة بشكل مفارق تماما، في حين تحاول سلمى التخلص من ماض طويل محمل بذكريات أليمة وبصور سلبية عن الذات في مواطن الاخفاق يتحول الصندوق المحترق إلى صندوق باندورا الذي يخرج منه التاريخ كاملا: تاريخ العائلة، تاريخ الحب، تاريخ الجسد، تاريخ الحراك الطبقي داخل القرية ومن القرية إلى المدينة، تاريخ تحول تلك القرية من الزراعة إلى الصناعة، تاريخ التربة الزراعية التي تم تجريفها لصالح الثروة السريعة، تاريخ الجنون، تاريخ الكتابة...كل التاريخ الذي تحاول سلمى أن تتخلص منه عبر انشاء الفردوس الخاص بها. ينفتح الصندوق على كل الذكريات، وهو ما يحوله إلى تقنية موظفة بشكل بارع تدفع كل اللاوعى إلى الاعلان عن نفسه، وهو الاعلان الذي يضع سلمى على الحافة بين الواقع والحلم. تتخذ تيمة الحلم مكانا رئيسا أيضا في الرواية، إذ تحاول سلمى التحرر من الذكريات عبر الأحلام، وتحاول تعويض الواقع الثقيل في الأحلام كذلك الحلم الذي رأت نفسها فيه تقتل جميلة صديقة الطفولة بدم بارد، لتجد جميلة تقف أمامها في الواقع بعد فترة وجيزة، وهى تستشف ما سوف يحدث في الأحلام أيضا كالحلم الذي فسرته لها عمتها نظلة فيما يخص ضياء زوجها.

تعيش سلمى بكل وجدانها في الأحلام، وتستعين على تفسيرها بأشخاص عارفين أو بكتب متخصصة، وهو الانغماس الذي يرمز إلى طرد للواقع سعيا لانشاء ماوراء الفردوس. الا أن هذا الانغماس في الحلم الذي يجعلها منفصلة تماما عمن حولها (تزداد حدة الانفصال بسبب شعور البارانويا الذي يوهمها أنها خارج المنظومة الاجتماعية والعائلية) مع تعملق الذكريات التي لم تحترق مع الصندوق يجعل سلمى تكتب في خواطرها: "أسير في الشوارع المكدسة فلا أرى شيئا. لا أبصر البلد التي شابت فجأة لأنني مشغولة فقط بذلك الجنون الذي ينمو بداخلي ومتوحدة تماما معه. أشعر أني أعيش يوما واحدا يتكرر بلا نهاية، أنا في حالة dejà vu دائمة.....أغمض عيني فأرى عوالم أخرى، أبصر عالما متوهجا، أشجاره حمراء ونباتاته كذلك، بحاره وسماواته خضراء بدرجات متفاوتة، اللون الأزرق فيه هو مجرد ظلال للونين السابقين. هو فردوس ملون كما أسميه، أهرب إليه فأخرج من ذاتي وخيباتي، أصير أخرى، لا يربط بينها وبين شخصيتي الحقيقية أقل القليل" (81 ـ 82).

يزداد هروب سلمى عبر تركها لذاتها في الفردوس ومحاولة إعادة صياغة الآخر. مرة أخرى تنجح الكاتبة في دمج الرمز بالسرد. تعمل سلمى محررة في جريدة أدبية، و "كانت لا تجد أى صعوبة في التدخل في نصوص الآخرين، غير أنها حين حاولت فجأة أن تشرع في كتابة رواية خاصة بها، وجدت نفسها في مأزق حقيقي" (86). بدأت تسلي نفسها "بتحريف وتشويه قصص الآحرين" (87)، فأرادت أن تكتب رواية عن عائلتها من هذا المنظور: منظور فني يراقب. كانت هذه هى مشكلة سلمى، ترى الأشياء والبشر من منظورأحادي البعد، منظور يصور لها ما تريد، وهو ما يظهر بعد ذلك في حكى جميلة عن نفسها.

للوهلة الأولى تبدو جميلة وكأنها الصورة المناقضة لسلمى، الا أنه بالتمعن في لاوعى جميلة يدرك القارىء أنها تنويعة مختلفة على شخصية سلمى، ربما تكون كل الشخصيات في العمل ليست الا تنويعات لنفس الفكرة: الهروب أو البحث عن الفردوس المفقود. جميلة هى ابنة صابر العامل الذي وهب حياته اخلاصا لرشيد وجابر في مصنع الطوب، وهى صديقة سلمى الحميمة، وهى أيضا ابنة بشرى التي شقت ملابسها يوم علمت بخبر موت زوجها فاشتهاها جابر وتزوجها، مفضلا إياها على زوجته حكمت التي طلبت الطلاق إثر هذه الزيجة. وهى أيضا جميلة التي وقعت في حب هشام ابن جابر ثم اكتشفت أنها لم تكن سوى علاقة عابرة في حياته مما ساهم في احساسها بالدونية. أرادت أن تهرب من حياتها السابقة، لم تبحث عن ما وراء الفردوس مثل سلمى، ولم تنغمس في الحلم، بالرغم من أنها "كانت ترغب فيما يشبه الانتقام، غير أن انتقامها لم يكن يعني الحاق الضرر بالآخرين، إنما فقط الارتقاء بنفسها، كى تصبح أفضل منهم. كانت غاضبة ومهانة. وعرفت جيدا كيف تحول غضبها إلى طاقة دفع للأمام" (214 ـ 215). أرادت جميلة أن تنسى ما فعلته بها الفروقات الطبقية، التي جعلتها "شخص غير مرئي، فائض عن الحاجة، ودخيل على عائلة قوية مترابطة"، عكس سلمى التي "لم تكن في حاجة لاثبات شىء سواء لنفسها أو للعالم المحيط بها" (214). انطلقت جميلة إلى الأمام مخلفة ورائها كل الماضي ـ الذي لم تنساه ـ وأنجزت كل ما كان يتعين على سلمى فعله. في حين هربت جميلة في تحقيق الذات هربت سلمى في الهوس بالذات ومحاولة تصوير الآخر، أو بالأحرى تشويهه.

كل نساء "وراء الفروس" يبتدعن وسائل للهروب (أم مقاومة؟) من ذواتهن أو من أجسادهن، طبقا لما يلائم المنظومة الذكورية التي يترأسها رمز الأب. وإذا كانت سلمى قد أخفقت في هذه المحاولة بكل الأشكال ـ حتى أن جسدها فرض ارادته ودمر زواجها ـ و "في أعماقها لم هناك سوى جحيم من الأفكار المتضاربة، والتخيلات والهواجس التي لا تستطيع التفريق بينها وبين حياتها الواقعية" (219)، فإن بعض الأخريات قد نجحن في الهروب ووجدن لهن موقعا مرضيا عنه في عالم العائلة الصغير عبر توظيف كافة وسائل التعايش والتواطؤ. فالعمة نظلة مثلا التي لم تدع زوجها يقترب منها هربت إلى عالم الشيخة شمس وحفظت القرآن وهو ما وفر لها مكانة اجتماعية، أما بشرى ـ والدة جميلة ـ التي اعتقدت يقينا أن صابر ـ زوجها الذي قضى في مصنع الطوب الأحمر ـ يأتيها مع كل قمر مكتمل، كان من الطبيعي أن يحل جابر محله في ليلة مشابهة، وإن ظل طيف زوجها يظهر بين الحين والآخر، حتى أنه توقف عن الظهور لجميلة التي أسلمت جسدها لهشام ولم تبال بسطوة الأب، أما لولا ـ  شقيقة ثريا وخالة سلمى ـ فقد انتحرت بشرب الزرنيخ بعد أن ظهر بطنها ولم تعلن اسم الرجل (تلمح الكاتبة أنه قد يكون رشيد والد سلمى)، وفيما يتعلق بهيام ـ شقيقة سلمى ـ فقد أعادت انتاج المنظومة الذكورية عبر التنكر لذاتها الأنثوية التي كانت عليها وفقا لرغبة الآخرين، كانت تمثل صورة المرأة الملاك الشهيرة في الأدب الفيكتوري. يرتبط فعل ورد الفعل الجسد الأنثوي بالأب الحاضر الغائب، وفي حين تتوافق كل النسوة معه ـ كل بطريقتها ـ تبقى سلمى خارج المنظومة تماما: جامحة مثل والدها رشيد.

سلمى "لم تعد راغبة في الحكى أو الكلام الذي طالما أحبته وانحازت له ضد الصمت. تكتفي فقط باغماض عينيها والتحليق في ملكوت خاص. صارت تغمض عينيها كثيرا. تغمضهما فتغرق في فردوسها الملون بألوان قوس قزح" (218). الا أنها في هذا الملكوت ـ وراء الفردوس ـ لم تتمكن من التخلص من آثار انفتاح صندوق باندورا، فمع كل تلك الأحكام التي أصدرتها على الآخرين، ومع كل ذلك الاستسلام لرثاء الذات، ومع كل هذا الجنون الكامل الذي يسعى إلى الانسلاخ عن كل ما حوله اعتقادا أنه طريق النسيان، تبقى سلمى أسيرة نفس الفكرة: الهروب.

في كل ما حكته سلمى لطبيبتها النفسية (وربما لذاتها) لم تذكر حكاية "بدر الهبلة" (وهى نموذج متوافر في كل قرية مصرية تقريبا) المتخلفة عقليا، والتي يقيدها والدها بالجنزير الحديد في السرير الضخم خوفا عليها من أى اعتداء جنسي من هؤلاء الذين قد يستغلون جنونها. كان جل هم بدر هو أن تغافل والدها وتفك الأصفاد الحديدية بمساعدة جابر، وهو ما كانت تنجح في فعله حتى اختفت تماما عند زواج بدر ببشرى، الفعل الذي اعتبرته خيانة لها. من كل هذه الذكريات المزدحمة لا يبقى الا قصة بدر الهبلة على لسان سلمى حين تفيق من الحادث الذي وقع لها. وبالرغم من أنها كتبت الرواية التي كانت تسعى جاهدة لانجازها، وسلمت نسخة منها لجميلة، الا أن الأصفاد الحديدية التي تكبل عقل وروح سلمى تبقى مستعصية على كل تلك المراوغات، فلا يبقى بعد الحادث الا ذكرى "بدر الهبلة" ومحاولتها الدؤوب في التخلص من قيودها وهو ما يتوازى مع محاولة سلمى أن تكتب عن عائلتها وأن تنأى بعقلها عن الذكريات.

تبدأ "وراء الفردوس" من الذات التي تحاول أن تنسلخ وتنفصل عن واقعها (ماضيها وحاضرها) وتنتهي بالذات الراقدة بدون حراك في سرير بمستشفى وهى لا تزال غارقة في هوس التخلص من القيود، "وجدت نفسها مشدودة إلى سرير معدني بارد في غرفة ضيقة مشبعة برائحة الأدوية والمطهرات" (221). تبدو سلمى في النهاية وكأنها تنويعة أخرى على شخصية "بدر الهبلة"، مما يجعل الرواية تنتهي بشكل مفارق، وبشك عما إذا كان ذلك المكان وراء الفردوس هو النعيم أم النار. فمحاولة الوصول إلى ما وراء الفردوس تشبه محاولة العودة إلى مرحلة العقل الخالي من أى انطباعات أو ذكريات أو تاريخ أو حتى معرفة، وهو المعروف فلسفيا باسم "تابيولا رازا"، ولم يكن سوى افتراض فلسفي بحت. ربما يتجلى جنون سلمى في سيطرة هذه الفكرة عليها، وقيامها بتطوير صورة ذلك الفردوس المنعزل، وهو ما يجعل النهاية ـ "عندما فوجئت بجسدها كأنما يطير في الهواء قبل أن يسقط مرتطما بالأرض" (221) ـ مشهدا حرفيا. فسلمى التي ظلت تحلق في ملكوتها الخاص كان لابد أن عود للأرض ولو بهذه القسوة، وهو ما يجعل وراء الفردوس مكانا وهميا يتخذ منه العقل تكئة للهروب من المواجهة: مواجهة الواقع المادي الثقيل وقبول وخز الألم.

نُشِرَت المقالة في مجلة "الكلمة" في سبتمبر 2009